En 2015 existían 15.4 billones de dispositivos conectados.
Para el 2020 podríamos tener más de 30 billones. Desde
sensores de movimiento a celulares, equipos domésticos y
juegos de realidad virtual, todos requieren Internet para
realizar acciones.
Las casas inteligentes o Smart Homes, son una
representación del Internet de las Cosas (IoT), ya que al
conectar una gran cantidad de dispositivos a un sistema
central, se genera comunicación y transferencia de datos
entre ellos, que determinan una acción, como encender las
luces cuando una persona ingresa a una habitación y
apagarlas cuando sale de ella.
Pero además de la comodidad, estar conectados desde
nuestros hogares aportará a cerrar brechas, sobre todo en
sectores aislados de nuestro país, donde hoy la conectividad
se vuelve imprescindible, sobre todo en temas de
comunicación y salud. En lugares donde no existen
especialistas o centros de atención por ejemplo, sus
habitantes podrían recibir atención remota en sus hogares
vía Wi-Fi o pedir horas en línea, sin la necesidad de
movilizarse.
Las distancias se acortan cuando todos tenemos la
posibilidad de conectarnos a un red de internet segura y de
alta calidad, aprovechando la tecnología como un instrumento
que aporte a mejorar la calidad de vida de todas las
personas.