A poco más de 100 kilómetros de Santiago, se escogió minuciosamente una zona en la comuna de San Pedro, Melipilla. Un sitio rodeado de cerros bajos que permiten dirigir las antenas a los satélites, pero también lo suficientemente altos como para aislar las señales de radio que pudieran interferir con las transmisiones. Sumado a un clima seco y con pocas precipitaciones en la zona, es un lugar ideal para mirar el cielo y el espacio. Ahí se contruyó Longovilo.
En ese entonces, Longovilo contaba con su primera antena satelital, "Longovilo 1", de 30 metros de diámetro, destinada a la transmisión y recepción de señales internacionales.
Sin saberlo aún, los cerca de 40 colaboradores que había en ese entonces en Longovilo, trabajaban diariamente en la construcción de aquel hito que un año después conectó a la humanidad con la luna, y hasta el día de hoy, a Chile con el infinito espacio.